sábado, 3 de marzo de 2012

Sobre los tipos de violencia en las protestas de Barcelona

Como sabrán, el pasado miércoles una manifestación en Barcelona en protesta por los recortes, por la reforma laboral y por la violencia utilizada por parte de la policía en los episodios ya conocidos como Primavera Valenciana derivó en unos violentos disturbios que supusieron el destrozo de gran cantidad de mobiliario urbano así como el enfrentamiento de algunos de los manifestantes con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

El saldo final del choque fueron 12 detenidos y 12 heridos, entre ellos 7 agentes de policía.

Muchos medios, interesadamente, critican el hecho de que manifestaciones como estas sean algo demasiado frecuente en los últimos tiempos, y nos repiten hasta la saciedad que de esta forma no se consigue nada, aunque a muchos nos sería muy útil saber cuál es el medio adecuado de lograr que los derechos de uno no sean pisoteados.

Parece lógico pues, aunque nunca justificable, que ciertos individuos híper-excitados, y dicho sea de paso, también con bastantes ganas de liarla, terminen por recurrir al vandalismo. Porque entre los diferentes sujetos ultra que sembraron el caos en la capital catalana habría, evidentemente, de todo: desde los que están desesperados por la situación y auto-convencidos de que la única salida para hacerse notar es destrozar lo que se encuentren a su paso hasta los que ven la ocasión perfecta para dar rienda suelta a su carácter violento y necesitado de acción.

Plenamente censurables, además de equivocados, los que pretenden sembrar el caos en las calles, pues movimientos como el 15-M en sus primeros compases han demostrado que es posible atraer la atención de los medios de forma pacífica.

Por otro lado, también resultan igualmente censurables, si no más, la actuación de los policías antidisturbios que día sí y día también se extralimitan a base de porrazos, pues resulta, al menos a mi parecer, aún más injustificable romper una cara que romper un cristal. Y es que desgraciadamente, al igual que ocurre en el caso de los manifestantes violentos, dentro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado también hay ciertos individuos con ganas de dar un par de porrazos bien dados y de paso quedarse a gusto. Y realmente no es para menos, pues después de muchos años preparándose para pertenecer al Cuerpo de Policía hay que aprovechar las ocasiones que uno tiene para explayarse, pues vaya usted a saber cuando vuelve uno a tener la oportunidad de atizar una buena tunda.

Por si faltaba alguien, algunos medios de comunicación no desaprovechan la coyuntura para echar más leña al fuego. Los que no se cansaban de repetir qué pocos se manifiestan en comparación a los muchos que votan al PP son los que al mismo tiempo se dan prisa en etiquetar a todos los manifestantes como violentos. Realmente parece que sólo saben distinguir la parte del todo cuando les interesa.

Otros de su misma calaña aseguran que es el PSOE quien se encuentra detrás de estas movilizaciones, aunque para no soltar una carcajada y  ante la seriedad del asunto, prefiero quedarme aquí.

Y por último, para rematar el esperpento, llega el señor Pérez Rubalcaba y dice (y cito textualmente) que “la violencia no es el problema sino que se quiera poner al PSOE detrás de ella”. Supongo, Alfredo, que querrás decir que las 2 cosas son un problema.

En fin, ¡bienvenidos al ruedo ibérico!

jueves, 23 de febrero de 2012

Tejados verdes

Tejado verde con árboles
Los tejados verdes, como puede uno deducir del nombre, son una forma de aprovechar la superficie del tejado de un edificio como jardín o como espacio verde, consiguiéndose así minimizar el impacto ecológico de las construcciones, y aportar un granito de arena para la conservación del medio ambiente.

De esta forma, la implantación de una de estas azoteas ajardinadas supone no sólo la prolongación de un espacio natural y un acercamiento a naturaleza sino que también contribuyen a mejorar la calidad de vida.
Se puede plantar únicamente césped pero también pequeñas plantas o arbustos, y en algunos casos muchos de estos espacios llegan a tener incluso árboles. Eso depende del tamaño del edificio y de lo que sea posible instalar en cada uno de ellos.

Tejado del Centro de Convenciones de Vancouver
Nos encontramos con grandes edificios que poseen verdaderas praderas en medio de la jungla de asfalto. Por ejemplo, el Centro de Convenciones de Vancouver, una ciudad de la costa oeste canadiense, tiene un techo verde de 6 acres, lo que equivale a aproximadamente 3 campos de fútbol. La ciudad canadiense es una de las que más apuesta por este tipo de tejados. El caso del Centro de Convenciones no es el único en esta localidad: también es muy conocida por este mismo motivo la Biblioteca Pública de la ciudad, que en su última planta también tiene uno de estos tejados.

Son tremendamente útiles para una gran variedad de cosas: un tejado verde permite desde cultivar frutas y hortalizas hasta mejorar la climatización del edificio. También actúan como barrera acústica y ayudan a reducir el riesgo de inundaciones, además del beneficio medioambiental que generan, como por ejemplo el filtrado de contaminantes presentes en el agua de lluvia o en el aire.

Es especialmente llamativo el hecho de que ayuden a una mejor climatización del edificio, y es que varios estudios han demostrado que en los edificios con techos verdes las temperaturas en invierno son más altas y en verano más bajas que en el resto de las edificaciones.

Y hay un dato sorprendente, pues uno de estos estudios señalaba que los techos verdes son aún más efectivos en aquellos lugares donde la densidad de edificios es mayor y la evaporación es menor, es decir, en el centro de las ciudades.

Y otro estudio realizado en la ciudad de Boston también ha señalado que los techos verdes son muy eficaces a la hora de reducir el impacto del asma en los habitantes de las grandes ciudades.

Sin embargo, no todo son ventajas: no resultan muy económicos y presentan importantes requisitos estructurales, ya que no todos los edificios pueden soportar el peso de la vegetación y del suelo, además de que el mantenimiento es complicado y hay que tener cuidado con la impermeabilización para evitar posibles humedades. Pero, de todos modos, queda claro que pesan mucho más las ventajas que los inconvenientes.

Parece que Canadá es el país que más apuesta por este tipo de edificios, porque aparte de Vancouver, otra ciudad que está legislando intensamente por los tejados verdes es Toronto, donde una ordenanza municipal subvenciona la construcción de este tipo de azoteas en edificaciones de nueva construcción, pues es obligatoria para todos los nuevos edificios. Hay algunos otros edificios relevantes en Norteamérica, como el City Hall de Chicago. Este edificio del Ayuntamiento de la ciudad estadounidense también tiene una azotea ajardinada, aunque es algo que no suele ser muy habitual en el país de las barras y las estrellas.
Casas con tejado verde en las Islas Feroe (Dinamarca)

Sin embargo, donde más probable es encontrarse con un tejado verde es en el Norte de Europa y en algunos países del centro del Viejo Continente. Por ejemplo, en Suiza la ley obliga a que el 20% de las azoteas sean verdes, tanto en edificios históricos como de nueva construcción, y en Alemania todos los nuevos complejos industriales que se construyan deberán cumplir este requisito. Y no es para menos, ya que en el país germano el 10% de las edificaciones tienen techo verde.

jueves, 16 de febrero de 2012

Grecia, Unión Europea, ultraderecha, vandalismo... y democracia

La difícil situación de Grecia parece haber llegado a un punto de no retorno, especialmente desde el domingo pasado, cuando una manifestación en contra de la votación en el Parlamento de un nuevo plan de ajustes económicos derivó en una violentísima protesta. Durante el transcurso de la misma, un total de 40 incendios provocados por los manifestantes causaron la destrucción de casi 50 edificios en la capital del país, en Atenas.

Y, ciertamente, es comprensible esta reacción de los ciudadanos atenienses, que impotentes ante las durísimas restricciones impuestas desde Bruselas, han recurrido al vandalismo como medio desesperado para expresar su profundo rechazo a estos recortes. Aunque más que de recortes debería hablarse de hachazos, pues estas medidas aprobadas el pasado domingo supondrán, entre otras cosas, el despido del 10% de los empleados públicos o la reducción en un 22% de las pensiones y del salario mínimo.

Así pues, y a consecuencia de la crisis económica, Grecia se encuentra también sumida en una crisis social, pues estas medidas aumentarán aún más el número de personas que en el país heleno viven por debajo del umbral de la pobreza; una cantidad que actualmente supone nada más y nada menos que 30% de la población. Mientras tanto, la tasa de paro se acerca cada vez más al 20%.

Junto a esto, nos encontramos con una crisis democrática que tiene múltiples caras. Por un lado, Grecia es, a todas luces, un país gobernado por la Unión Europea, es decir, ha perdido su soberanía, con todo lo que esto supone. Por otro lado, encontramos unos partidos políticos totalmente deshechos y divididos. Deshechos porque son marionetas movidas por los hilos que maneja el eje Merkozy, y divididos porque ni siquiera dentro de las propias formaciones políticas griegas hay unanimidad de criterios. A tal punto han llegado las tensiones internas que los dos partidos mayoritarios se vieron obligados a expulsar a nada más y nada menos que 43 diputados por negarse a obedecer las directrices del partido tras la votación del pasado domingo.

Pero el aspecto más preocupante de esta crisis democrática es la alarmante disminución de la confianza de los ciudadanos griegos en las instituciones democráticas del país, y en la democracia en sí. Este desprestigio, que no es únicamente cosa griega, ha sido en ocasiones provocado por la propia Unión Europea, con su suma intransigencia y con la promoción de gobiernos de tecnócratas que no han pasado por el filtro de las urnas, como es el caso del presidente italiano, Mario Monti. Admitir que la democracia no puede, en ocasiones, elegir a dirigentes capaces de solventar situaciones económicas delicadas supone un precedente muy grave.

Es necesario recordar que el germen del fascismo tuvo su caldo de cultivo ideal en el malestar social y la disminución de la calidad de vida que siguieron a la famosa crisis de 1929, que en la gran mayoría de los países supuso una radicalización extrema de la política y el desprestigio de los sistemas democráticos.

La irrupción fulgurante de las ideologías totalitarias no fue en aquel entonces, y nunca ha sido, resultado de una serie de meras casualidades, pues cuando el estómago aprieta de poco consuelo nos sirve saber que podemos elegir a nuestros dirigentes, y es entonces cuando la propaganda y la demagogia se adueñan del discurso antidemocrático. Es ahora cuando conviene recordarlo, pues las ideologías extremistas están cobrando cada vez más fuerza en todo el continente europeo.

En Finlandia, el partido ultraderechista de los Auténticos Finlandeses es socio clave del gobierno; y en Italia, la Lega Norte ha sido uno de los principales apoyos de Berlusconi. Gracias al desprestigio del mandatario conservador, en las últimas elecciones regionales el partido extremista ha llegado al 50% del voto en algunas comarcas del norte del país. Aún parece más negro el panorama en Francia, donde el Frente Nacional liderado por Marine Le Pen obtiene, a cada nueva encuesta, más apoyo por parte del electorado. Tras alcanzar el 15% del voto en la última consulta electoral, el partido xenófobo y antieuropeo se acerca cada vez más peligrosamente al partido gobernante, liderado por el presidente Nicolás Sarkozy, de cara a las elecciones presidenciales de 2012.

Como he dicho antes, este auge de los partidos extremistas no es casual, y responde a un hartazgo de la situación que vive la sociedad europea. Así pues, no es de extrañar que un factor común a estas formaciones políticas sea un fuerte componente antieuropeo, o más bien anti-Unión Europea, además del siempre demagógico racismo.

En Grecia, por el momento, la situación está tomando otra deriva, pero los graves disturbios del domingo muestran, de igual manera, una situación que cada vez se hace más inestable, y es de esperar que las protestas puedan subir de tono. De momento, los impotentes ciudadanos griegos han incendiado y destruido medio centenar de edificios, y no resulta difícil imaginar de qué manera puede agravarse la situación.

Hace 2.400 años Demócrito dijo: “la pobreza en una democracia es preferible al bienestar en una tiranía, en la misma medida en que la libertad lo es a la esclavitud". Lo que está por ver es si los griegos de hoy en día piensan lo mismo.

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